La evolución del e-learning
Existe un claro paralelismo entre la evolución de las TIC y el
desarrollo de modelos formativos en línea (véase la figura 1). La
UOC ha vivido la historia del e-learning y, en cada fase, ha tenido
que analizar la evolución de la formación y tomar decisiones
sobre el modelo educativo, el desarrollo tecnológico y la organización
de los procesos.
El modelo educativo de la UOC surgió como respuesta a la necesidad
de dotar, desde sus inicios, de una fuerte identidad propia a la
universidad y de intentar establecer una metodología de e-learning.
Aquí conviene destacar que existe una diferencia importante entre
los modelos de educación a distancia y el e-learning.
La educación a distancia puede o no utilizar tecnología, pero
lo más importante es garantizar el estudio independiente sin
necesidad de que haya una intervención continua del docente.
En el caso del e-learning, se comparte la no presencialidad del
modelo, pero el énfasis se produce en la utilización de Internet
como sistema de acceso a los contenidos y a las actividades de
la formación. La interacción y la comunicación son una parte
fundamental de los modelos de e-learning.
Durante la segunda generación, el énfasis se puso en la creación
y mejora del campus virtual. Es un momento en que la
investigación se focaliza en las plataformas y gestores de e-learning
y los modelos educativos parece que no tienen un papel
demasiado relevante o, simplemente, son muy dependientes de
las plataformas desarrolladas.
La formación que recibían los estudiantes en el entorno virtual
se basaba en el aprendizaje de herramientas básicas de ofimática
y en la adquisición de competencias relacionadas con la
busca de información en la red. La tecnología empezó a permitir
abrir espacios de mayor comunicación con los estudiantes y se
crearon los foros y las primeras comunidades virtuales.
En la tercera generación, el sentido de la formación en red se
orienta hacia el trabajo en equipo y al estudiante se le pide que sea
capaz de gestionar y producir conocimiento de forma conjunta.
Se trata de un enfoque del trabajo más coherente con la filosofía
de la web 2.0, basada en la participación y en la construcción
colectiva de conocimiento desde un planteamiento interdisciplinario
y más transversal a la experiencia vital de los estudiantes
(tanto formativa como social y laboral). De hecho, muchas de las
herramientas 2.0 ya son utilizadas por los estudiantes fuera del
campus virtual por iniciativa propia. En este sentido, un valor
importante de la formación es que los estudiantes sean competentes
en el trabajo en red y en la red. El trabajo colaborativo
proporciona una nueva metodología docente y nuevas formas de
aprendizaje coherentes con este planteamiento.
En este momento, el mayor reto para la sociedad del conocimiento
no es como ayudar de forma eficaz al estudiante a adquirir
un determinado conjunto de conocimientos y habilidades
sino en ayudarlo a organizar y gestionar la información y a ser capar
de tener ideas creativas y contribuir en la producción de nuevo
conocimiento. Tal y como mencionan Bereiter-Scardamalia
(2003), la educación en la sociedad del conocimiento debe permitir
a los estudiantes participar en la creación de nuevos conocimientos
como algo habitual en sus vidas. Con el desarrollo de los entornos virtuales de aprendizaje, cada vez hay más estudiantes
que tienen experiencias colaborativas con varios estudiantes lo
que afecta a su experiencia como aprendiz y mejora la capacidad
de trabajar en equipo (Stahl, 2001). Garrison y Cleveland-Innes
(2005) sostienen que la interacción no es suficiente para adquirir
un conocimiento profundo. La naturaleza de la interacción
debe ser más estructurada y sistemática. Varios tipos de interacción
deben ser integrados de manera coherente para facilitar el
discurso crítico con el objetivo de mejorar el significado de lo
aprendido. El modelo de investigación comunitaria desarrollado
por Garrison y Anderson (2003) es un intento de proporcionar
a los educadores un conocimiento más profundo de las características
del e-learning, y también dirección y guía para facilitar
el discurso crítico. De acuerdo con estos autores, «las instituciones
universitarias han empezado a apreciar que el contenido de
las experiencias educativas aisladas no ayuda a definir la calidad
del aprendizaje sino el contexto —como el profesorado diseña el
entorno de aprendizaje, y el tipo de interacciones que se desarrollan—
es lo que distingue una institución de otra» (Garrison y
Anderson, 2003: 4).
Por tanto, esta tercera fase está mucho más centrada en la flexibilidad,
la participación y la superación de la metáfora del aula.
El desarrollo de las tecnologías móviles y la rápida evolución del
software social han favorecido el cambio en el sentido de que no
necesariamente se accede a los materiales y a las actividades de
aprendizaje a través del ordenador, sino también desde distintos
tipos de plataformas: móvil, mp4, consola de videojuego, etc. Y,
además, las herramientas utilizadas para la vida cotidiana (blogs,
espacios sociales, mensajería instantánea, etc.) también pueden
usarse para la formación, de manera que las barreras entre el
aprendizaje informal y el aprendizaje formal en la red se van haciendo
más estrechas.
En resumen, los modelos actuales reconocen la importancia
del aprendizaje como un proceso social y ofrecen posibilidades
para la colaboración con otros aprendices para la interacción con el contexto de aprendizaje y para la orientación y guía de los
profesores y tutores. Es un enfoque centrado en el estudiante.
Se trata de una visión en la que los estudiantes no son simples
consumidores de información, sino que también contribuyen y
ayudan a contextualizar el escenario de aprendizaje.
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