lunes, 23 de mayo de 2016

1.2 La Humanidad y la Ingenieria



Formo parte de los que describen el origen del hombre como resultado de una efectiva evolución genética, proveniente de un proceso adaptativo al medio, que se produjo a lo largo de millones de años. Pero la esencia de esta transformación reside en un órgano básico: el cerebro. 


Todo el proceso de “hominización”, que permitió transformarse al hombre desde un mamífero insectívoro a su forma actual, está ligado a los cambios en la estructura nerviosa cerebral; con transformaciones en su sistema olfativo, su dominio del lenguaje verbal simbólico, la capacidad de “dirección u orientación voluntaria” generada en su córtex prefrontal y el desarrollo de su conciencia personal. (Roces, 2011) 


La humanidad es la consecuencia de una progresiva acumulación de hechos, cuyo origen es la capacidad de generar comportamientos diferenciados originados en nuestros cerebros. 


La humanidad como hecho cultural, es la resultante de la evolución de la capacidad cerebral de los seres humanos. 


La ingeniería, como actividad humana, tiene un protagonismo esencial en esa evolución.

En las construcciones primitivas, el hombre era “un recurso”. Aportaba energía física para mover o transformar los materiales disponibles. Con el tiempo se demandó una habilidad expresada en un oficio y luego más cercano al presente al ser humano se lo considera en su capacidad plena, como suma de conocimientos, habilidades, actitudes, valores y formas de procesamiento mental. Esta evolución en la consideración del hombre en su trabajo, ha tenido su respuesta en el desarrollo de las disciplinas que estudian el comportamiento humano como la antropología, la psicología, la sociología y la ergonomía.

Esta descripción de carácter universal recoge una evidencia, generada por años, donde se concibió la capacidad del ingeniero centrada en el diseño y el cálculo y se dejaba en manos de otras profesiones u oficios, la ejecución de las obras que aquel pensaba. Esta disociación y alejamiento entre el pensar y el hacer, está reafirmada en la formación y la práctica profesional del ingeniero “tradicional”.

Pero ello es una subestimación de la profesión. Me resulta difícil imaginar la gestación de las obras monumentales que los egipcios, sumerios, griegos o romanos nos dejaron, pensando que fueron fruto de ingenieros (o arquitectos de la época), que estaban lejos de la obra o sin contacto con la gente que tenía que construírlas Si bien esa lejanía es inexplicable, es admisible imaginar –que en esa época- la relación interpersonal, se basaba en la sumisión (en casos extremos como la esclavitud) o en la obediencia absoluta, como única respuesta de los hombres que estaban a cargo de la ejecución. No era lejanía, sino comúnmente desconsideración o maltrato.

En el mundo moderno, la sumisión en el ambiente laboral ya no es viable y por ello hoy es imprescindible una capacidad comunicacional y de relación interpersonal en el ingeniero moderno, que en el pasado no era frecuente. La ingeniería es “creación humana”: combina ideas, conceptos, cálculos y los transforma en proyectos para generar artefactos útiles a las personas. Por ello es el resultado de una creciente relación humana, entre los que diseñan, dirigen y construyen.

La ingeniería nace de la necesidad de supervivencia y el crecimiento de los hombres, y con ellos construye bienes que permiten el desarrollo de una sociedad. 


La definición del ingeniero como profesión 

“Persona que ejerce la ingeniería” “Hombre que discurre con ingenio, las trazas y modos de conseguir o ejecutar algo” (RAE).

 El ingeniero no es un inventor, no es un científico, no es un investigador, aunque puede ser todo ello, si cambia su rol básico.

El impacto de la ingeniería en la Sociedad del futuro 


Desde el inicio de la civilización humana, la ingeniería tuvo su impacto en la sociedad, por la creación de los artefactos –tangibles o intangibles– que generaron caminos, canales, acueductos, bombas de agua que permitieron la creciente “urbanización”. Las máquinas y la electricidad hicieron viable la producción de bienes y las comunicaciones y la informática, la virtualización del mundo actual.


Elegir tecnologías, promover diseños, establecer especificaciones técnicas, hacer cálculos, entender a los clientes dándoles el servicio correspondiente, dirigir a los colaboradores y alcanzar una rentabilidad razonable para hacer viable una inversión, son las demandas del ingeniero en el mundo competitivo, global y virtual en que vivimos.

 Según creemos y en base a la experiencia, solo ello es alcanzable si la profesión de ingeniero ha sido guiada por el camino de la integración y no de la parcialización o de la rigidez conceptual. 

La sociedad actual le propone importantes demandas a la ingeniería; la explosión de la urbanización, la endémica pobreza de un cuarto de la población mundial y las consecuencias del cambio climático, son algunas de las manifestaciones más cruciales a atender. 

Esto pone a la ingeniería y la sociedad en un desafío para resolver problemas que no son solo de naturaleza tecnológica, sino problemas sociales donde la formación y la trayectoria profesional de los ingenieros se ponen a prueba, para generar proyectos y obras en beneficio de la comunidad.

Son pocos los ingenieros que se interesan por temas de importancia social, la mayoría concentra sus energías en posiciones directivas o como tecnólogos en empresas y organismos públicos y privados.

 La opinión pública, tampoco le reclama a un ingeniero su participación en la solución de esos problemas, pues asume que no son temas de su incumbencia profesional. 

Estas son algunas pocas razones por las cuales las ofertas de capacidades de ingeniería y la demanda de solución de problemas complejos, no se encuentran como deberían. Sin embargo, paradójicamente, en otras profesiones como las de abogacía y ciencias económicas, sin tener las capacidades tecnológicas que se requieren, suelen ser las que con más frecuencias lideran esas soluciones.

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